14 de abril de 2013

Recapitulemos

Y, dime, ¿a dónde va todo ese amor que desperdiciamos amando a personas que no nos aman? A dónde todas las esperanzas que no sirven de nada, y a dónde todos esos sueños que no se cumplen. Dime a dónde va todo lo que nunca haremos, y todas las noches que no follaremos, y esas estrellas que, jamás, jugaremos a contar cogidos de la mano, mientras perdemos el tiempo en no prestarle atención a nada excepto a los besos que nos demos, tan callados, y que supongo que tampoco nos daremos.
Y, dime, si me quieres, o si he vuelto a llegar tarde, y que el tren ya ha pasado y que estas vías ya no llevan a ninguna parte. Venga, dime si has puesto la alarma demasiado pronto y tengo que madrugar de toda la vida que nunca viviremos, de todas las miradas cómplices de entendernos; que todo eso se perderá, aunque nunca lo hayamos encontrado. Dime todo eso, aunque me haga daño, y es que supongo que el dolor es la única forma de romper las ganas, y no reciclarlas luego. No, no más ganas, ya no hacen otra cosa que rascar la herida.

Y el orgullo no estaba invitado a la fiesta

—Tienes la sonrisa más bonita del mundo.
—¿Ya vas borracho?
—Yo siempre voy borracho.
—¿Y qué me cuentas?
—Que no sé qué hacemos hablando, cuando deberíamos estar follando.
—¿No vas muy rápido?
—Ya sabes que nunca me han gustado los semáforos en rojo, cariño.
—Pero tú no follas, a tus seguidores de Twitter no les gustaría, jajajajaja.
—No seas mala, no se enterarán.
—No, no, soy una chica decente...
—Con unos labios indecentes.
—Los he heredado de mi madre.
—¿Y qué más has heredado de tu madre?
—Tendrías que quitarme el vestido para averiguarlo.
—¿No vas muy rápido?
—Nunca he sabido ir más lenta, ¿pido disculpas?
—Para nada, sabes que me encanta este juego.
—¿Qué juego?
—...
—¿Y bien?
—El juego de reducir el amor a una necesidad sexual. El juego de fingir que no pienso en ti siempre que puedo, y que puedo siempre, y que no me paso las noches haciéndote el amor en sueños.
—Estás rompiendo la magia.
—¿Has traído preservativos?
—Yo no uso de eso.
—Yo tampoco, vamos al baño.
—Llévame tú, y no corras, que llevo tacones...

Insomnio

Hace frío, y no es una cama, es soledad amontonada, ganas y horas mirando por la ventana. Estrellas, brillan lejanas, como mis ganas de escapar de esto, pero se me han dormido las piernas. Y ya no me reconozco en los espejos, mirada ausente, me desnudo por dentro, a veces lloro, no pasa nada, he cerrado la puerta con pestillo. Radiohead en mis oídos, vuelo, ¿y mi cuerpo?, no tengo cuerpo, soy sólo el viento de todas las palabras que nunca digo. Y apareces entre las sombras de alguna fantasía, sonrío, no quiero tocarte, quiero quedarme así, ahí, contigo, sin ti, te llevo dentro, en todo lo que te dedico. Llaman a la puerta, es la soledad, pero hago como que no estoy, esta noche sólo quiero estar conmigo. Solo. Enciendo un cigarrillo, lo cojo entre mis dedos y empiezo a hacer corazones deformes con el humo. En la ventana siguen las marcas de nuestros nombres, escritos en el vaho de algún suspiro, no lo recuerdo, los repaso, que no se borren nunca, y que lo hagan pronto, esos nombres marcados es todo lo que queda de lo que nunca tuvimos. Y hay sentimientos a los que no les da la puta gana explicarse, y me quedo tiritando por falta de abrazos; me entra el miedo de que me superes, otra vez, y de que me hunda en esta mierda de esperarte. Siempre llegas cuando ya es demasiado tarde, cariño, es decir, nunca. ¿En qué estarás pensando?, ¿a quién estarás amando?, ¿qué hijo de puta te estará robando el corazón en este momento? Y no puedo hacer otra cosa que coserme las heridas, no hay anestesia, va a doler mucho. Ahora viene Lana Del Rey, me habla de ese verano en el que fuimos, le digo que se vaya, y me dice que es sólo una canción en el reproductor de audio. Me relajo, respiro hondo, todo lo hondo que puedo, hasta que toco fondo, muy al fondo, pero se me da falta bucear en mí mismo. Es hora de irse a dormir, los recuerdos se levantan tarde.

Hola, piedra, ¿tú otra vez?

Y empiezas a pensar las 24 horas del día en él, y empiezas a necesitar hablarle; decirle algo, que sepa que existes. Y empiezas a obsesionarte con la soledad, con los días nublados, con fumar demasiado, con mirar al vacío, con dormir a su lado. Y se te escapa su nombre sin querer, joder, no quieres estar enamorado, ya sabes lo que es estarlo de alguien a quien apenas conoces. ¿Recuerdas?, aquella vez dolió mucho, y no, no quieres volver a tropezar con esa piedra, pero algo dentro de ti no lo tiene superado. Admitámoslo, a una parte (masoquista) de ti le pone cachondo cometer los mismos errores de siempre. Y, bueno, la verdad es que en el fondo estás tan solo que pecar es demasiado fácil, así que te dejas arrastrar por lo que sientes, y no está nada mal porque lo que sientes es, simplemente, una absurda felicidad que hace que te olvides de toda la mierda. Es pura droga. Pura. Droga. Y corres demasiado rápido, nunca te pones el cinturón de seguridad, sólo quieres experiencias fuertes, que te diga "Te quiero" y te sonroje, que te mire y detenga el tiempo. Y te vas alimentando de esperanzas, de cerrar los ojos y soñar despierto, y te ves con él, siendo felices, y sonríes como un tonto, que es lo que eres: un tonto enamorado. Y, ahora que lo pienso, supongo que dicen que el amor es ciego porque es así como debemos enamorarnos, sin abrir los ojos, porque de hacerlo, posiblemente, veríamos la gilipollez que estamos cometiendo y no lo haríamos. Enamorarse es como saltar al vacío. Enamorarse es como matarse con estilo. Pero, qué queréis que os diga, es bonito.

Vamos a ser felices, invito yo

Cierro la puerta de mi habitación, me tumbo en la cama, me pongo los cascos y escucho Radiohead, enciendo un cigarrillo, miro cómo se filtra la luz por las rendijas de la persiana. Huele a cerrado, ayer salí de fiesta, y empecé a pensar que a lo mejor querer y morir son el mismo verbo y no nos hemos enterado, y que tu ausencia es la razón de que las noches sean precipicios, y de que habiendo tanta gente, faltanto tú, no hay nadie. "¿Qué me has hecho?", me preguntaba, que yo no sé ya distinguir los días en los que tú no estás aquí, o en los que ignoras que existo, y es como sumar ceros, ¿qué me has hecho que sin ti no soy yo y no soy nadie?, algo, sí, pero nada que merezca la pena sonreír. Calada a calada, el reloj me mira de reojo, sabe que quiero escapar pero me lleva ventaja, ya no sé correr por causas perdidas, así que me enciendo otro cigarro, cierro los ojos, no escucho más que la oscuridad que llevo dentro, da miedo, pero ya estoy acostumbrado. Respiro, poco, quiero suicidarme un rato, que esta vida es vida de segunda mano, la vendo, a buen precio, en el mercado de que algún día llegues, llames a la puerta, te abra y me abraces hasta consumirnos; qué bonito, si lo piensas, podemos llegar a ser si lo intentamos, pero quizá idealizo todo lo que no ha pasado, ¿quién sabe?, es posible que sólo podamos ser felices en algún apartado rincón lleno de fantasías, esperanzas y ojos cerrados, donde la realidad no entre y la verdad nos mienta.

Quiero salir de aquí, volver a ser feliz

Y cómo decirte que ya no sé seguir sonriendo sin que se me note que, en realidad, tengo ganas de llorar. Y cómo decirte que hay mucha gente, sí, pero que si cierro los ojos no hay nadie, y es esa sensación de que la soledad la llevo por dentro y nadie va a querer entrar, no sé si lo entiendes. Y que sigue dándome miedo la oscuridad de los días vacíos, esa profundidad de mirar sin ver el fondo, de sentir cosas que explotan dentro, y sólo yo, y nadie más, puede sentirlas. Se me atragantan las palabras en el pecho, y me queman la garganta. Hace tiempo que no puedo gritar; no puedo; y he de conformarme con cerrar los ojos con fuerza y respirar, hasta que todo pasa. No sé hacia dónde voy, cariño, y tampoco quiero que te pierdas conmigo. No sé si vivo, o sobrevivo. Sólo sé que estoy llenando los días de nada, de una maldita rutina que jode las esperanzas, y que cada noche me entran unas ganas de salir de toda esta mierda increíbles, pero estoy demasiado cansado para soñar. Estoy demasiado cabreado con el mundo para salir de mi habitación. Ojalá, no sé, me dijeses que todo va a salir bien, y que algún día nos tocará ser felices; aunque me mintieses, y qué, si yo lo único que quiero es sonreír sin necesitar motivos. Despertarme, bostezar, y sonreír, sólo eso, no es tan difícil, ¿verdad?

Te quiero, joder

Que no basta con mirarle, que no, que tienes que entrarle dentro, que sonríe, sí, pero sólo por fuera. Desnúdale de esa apariencia, ¿no ves que por dentro se derrumba?, que por dentro gotea, que se oxida, que se pierde. Coño, no, no ves nada de eso, te limitas a sonreír, y es que tú también te has maquillado una bonita felicidad hoy. Casi, casi me creo que no tienes ganas de escapar; hace tanto tiempo que no te desmaquillas, ya casi te has creído tú hasta la mentira, pero no. En el fondo, en lo más hondo, gritas, aunque ya apenas te escuches; sólo lo haces a veces, por la noche, cuando el silencio te visita y conversas sobre cosas que nunca le has contado a nadie. ¿Cómo te sientes realmente?, ¿quién eres cuando nadie mira?, ¿qué sueños tienes cuando no duermes?
Y, dime, cariño, si tú también estás esperando un tren que te lleve lejos, y mientras tanto te muerdes las uñas en algún andén que no existe, mientras las horas pasan, tan vacías, y los días mueren, tan callados. Me gustaría pensar que la vida es algo más que todo este no saber qué hacer mañana, pero no. Sólo nos queda mirarnos y rogar que el silencio diga las palabras que nosotros no nos atrevemos a decir en voz alta, por si quizá nos volvemos más débiles de lo que ya somos; o por si nos volvemos más ruinas, yo qué sé. Lo único que sé es que hace frío, estoy sólo y no me queda mucho tabaco.