—Tienes la sonrisa más bonita del mundo.
—¿Ya vas borracho?
—Yo siempre voy borracho.
—¿Y qué me cuentas?
—Que no sé qué hacemos hablando, cuando deberíamos estar follando.
—¿No vas muy rápido?
—Ya sabes que nunca me han gustado los semáforos en rojo, cariño.
—Pero tú no follas, a tus seguidores de Twitter no les gustaría, jajajajaja.
—No seas mala, no se enterarán.
—No, no, soy una chica decente...
—Con unos labios indecentes.
—Los he heredado de mi madre.
—¿Y qué más has heredado de tu madre?
—Tendrías que quitarme el vestido para averiguarlo.
—¿No vas muy rápido?
—Nunca he sabido ir más lenta, ¿pido disculpas?
—Para nada, sabes que me encanta este juego.
—¿Qué juego?
—...
—¿Y bien?
—El juego de reducir el amor a una necesidad sexual. El juego de fingir que no pienso en ti siempre que puedo, y que puedo siempre, y que no me paso las noches haciéndote el amor en sueños.
—Estás rompiendo la magia.
—¿Has traído preservativos?
—Yo no uso de eso.
—Yo tampoco, vamos al baño.
—Llévame tú, y no corras, que llevo tacones...
Soy la clase de persona que no se rinde fácilmente, pero que a la mínima se le echa el mundo encima. Ese tipo de chica que no piensa lo que dice, de las que se arrepienten al tiempo que hablan, soy alguien fácil de convencer y difícil de hacer entrar en razón. Suelo ser la que se sabe poner sin problemas en el lugar del otro, ese tipo de persona que nunca llegas a conocer del todo y que sin querer, sonríe para parecer mucho más fuerte. Pero por dentro, continua teniendo sentimientos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Hola, me llamo Júlia, he estado leyendo tus textos y me parecen increíbles, preciosos, clavdados, ... Me gustaría que supieras eso, que me gusta cómo ecribes.
ResponderEliminar