Que no basta con mirarle, que no, que tienes que entrarle dentro, que sonríe, sí, pero sólo por fuera. Desnúdale de esa apariencia, ¿no ves que por dentro se derrumba?, que por dentro gotea, que se oxida, que se pierde. Coño, no, no ves nada de eso, te limitas a sonreír, y es que tú también te has maquillado una bonita felicidad hoy. Casi, casi me creo que no tienes ganas de escapar; hace tanto tiempo que no te desmaquillas, ya casi te has creído tú hasta la mentira, pero no. En el fondo, en lo más hondo, gritas, aunque ya apenas te escuches; sólo lo haces a veces, por la noche, cuando el silencio te visita y conversas sobre cosas que nunca le has contado a nadie. ¿Cómo te sientes realmente?, ¿quién eres cuando nadie mira?, ¿qué sueños tienes cuando no duermes?
Y, dime, cariño, si tú también estás esperando un tren que te lleve lejos, y mientras tanto te muerdes las uñas en algún andén que no existe, mientras las horas pasan, tan vacías, y los días mueren, tan callados. Me gustaría pensar que la vida es algo más que todo este no saber qué hacer mañana, pero no. Sólo nos queda mirarnos y rogar que el silencio diga las palabras que nosotros no nos atrevemos a decir en voz alta, por si quizá nos volvemos más débiles de lo que ya somos; o por si nos volvemos más ruinas, yo qué sé. Lo único que sé es que hace frío, estoy sólo y no me queda mucho tabaco.
Soy la clase de persona que no se rinde fácilmente, pero que a la mínima se le echa el mundo encima. Ese tipo de chica que no piensa lo que dice, de las que se arrepienten al tiempo que hablan, soy alguien fácil de convencer y difícil de hacer entrar en razón. Suelo ser la que se sabe poner sin problemas en el lugar del otro, ese tipo de persona que nunca llegas a conocer del todo y que sin querer, sonríe para parecer mucho más fuerte. Pero por dentro, continua teniendo sentimientos.
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