Esa sensación dentro de tus tripas cuando dices algo sólo para protegerte de lo que pueda suceder.
Esa mentira que al segundo de soltarla te hace sentirte extraña y piensas "¿Por qué la habré dicho?". ¿Sabéis? La mentira que más he repetido últimamente ha sido la de que no le quiero, que no me importa. Me he esforzado en creerlo, he intentado aceptarlo, quizas por el miedo ha darme cuenta que no es así, que mi vida depende de el, quizas por el miedo ha hacerme daño, quizas por el miedo a que el no lo sienta, a que el no me quiera. Pero ¿Sabéis otra cosa? No creo que haya una mentira más grande.
Soy la clase de persona que no se rinde fácilmente, pero que a la mínima se le echa el mundo encima. Ese tipo de chica que no piensa lo que dice, de las que se arrepienten al tiempo que hablan, soy alguien fácil de convencer y difícil de hacer entrar en razón. Suelo ser la que se sabe poner sin problemas en el lugar del otro, ese tipo de persona que nunca llegas a conocer del todo y que sin querer, sonríe para parecer mucho más fuerte. Pero por dentro, continua teniendo sentimientos.
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