19 de septiembre de 2012

No juegues con los sentimientos de otras personas, quizás saben jugar mejor que tu.

Una pelea. Y otra. Y otra. Así nos pasamos el día, gritándonos para ver quién tiene más razón, haciendo un pulso entre cabeza y corazón. Él es noche, frío, es egoísta, calculador. Yo soy el día, el calor, borde y orgullosa. Somos la reacción ante una mala combinación. El odio que sentimos es proporcional al amor que nos tenemos, y viceversa. Los días pares somos inseparables, y los impares somos como agua y aceite. Él necesita sentir que me tiene para sentirse completo y yo, saber que nunca se irá de mi lado. Necesito salir de aquí, huir de sus reproches y de sus luchas por arrancarme una sonrisa. Desaparecer, escapar de sus exigencias y su forma de decirme las cosas. Aunque sé que es imposible. Yo saldré corriendo y él me perseguirá como si de una cacería se tratase. Soy su presa y él muy buen cazador. Volverá con sus mentiras, con su bipolaridad y con sus ganas de arrastrarme al mundo en el que vive donde no existen las cosas coherentes ni la racionalidad. Solo el aquí y ahora. Pero tal vez, en esta ocasión sea diferente y el cazador sea cazado.

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